Page 172 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Las ajonjeras ya se habían autodestruido, sin dejar
pruebas de su crimen. El Doctor X posiblemente tenía
una copia del programa en su ordenador, pero estaba
encriptada, y el Doctor X era lo suficientemente
inteligente para limitarse a borrarlo y liberar el espacio,
sabiendo que el esquema de cifrado que usaría alguien
como Hackworth no podía romperse sin intervención
divina.
Pronto las calles se hicieron más amplias, y el sonido
de las ruedas sobre el pavimento se mezcló con el sonido
de las olas al chocar con las costas de Pudong. A través de
la bahía, las luces blancas del Enclave de Nueva Atlantis
se elevaban sobre el mosaico multicolor de los Territorios
Cedidos. Parecía muy lejano, así que en un impulso
Hackworth alquiló un velocípedo a un viejo que tenía un
puesto al abrigo del soporte de la Altavía. Subió hasta la
Altavía y, revigorizado por el aire frío en la cara y en las
manos, decidió pedalear un rato. Cuando llegó al arco,
permitió que las baterías internas de la bicicleta le llevasen
cuesta arriba. En el punto más alto, las desconectó de
nuevo y empezó a deslizarse cuesta abajo por el otro lado,
disfrutando de la velocidad.
Se le escapó la chistera. Era buena, con una banda
elegante que se suponía la convertía en cosa del pasado
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