Page 184 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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programado  para  recoger  la  información  de  los

              nanófonos en su garganta y darle otro tono.




                 —No  lo  haces.  El  ordenador  decide  adonde  vas  y

              cuándo.  Nuestro  pequeño  secreto  sucio:  esto  no  es

              realmente  muy  ractivo,  es  sólo  un  árbol  argumental;


              pero es lo suficientemente bueno para nuestra clientela

              porque todo, las hojas del árbol, el final de las ramas,


              entiendes,  son  exactamente  iguales,  es  decir,  lo  que  el

              cliente  quiere,  ¿me  sigues?  Bien,  lo  verás  —dijo  el

              hombre  viejo  en  la  pantalla  al  ver  la  confusión  de


              Miranda en el rostro de Spirit. Lo que parecía un escep‐

              ticismo reservado en el rostro de Miranda era inocencia


              tonta en el de Spirit.



                 —¡Las indicaciones! ¡Sigue las malditas indicaciones!


              ¡Esto no es improvisación! —gritó el viejo.



                 Miranda miró los otros paneles de la pantalla. Supuso


              que uno era un mapa de la habitación que mostraba su

              posición  y  la  del  viejo  con  flechas  que  ocasionalmente

              parpadeaban en la dirección del movimiento. El otro era


              un apuntador, con una línea que la esperaba parpadeando

              en rojo.








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