Page 169 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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casi  todo  lo  que  estaba  dentro  de  ese  radio


              permanecía sin daño pero todo lo que estaba cerca


              de él quedaba destrozado; de ahí lo de «rallador».


              La víctima emitía un ruido como el golpe de un


              látigo, al salir unos pocos fragmentos por su carne

              y encontrarse con la barrera del sonido en el aire.


              Los sorprendidos testigos podrían volverse justo


              a  tiempo  para  ver  cómo  la  víctima  se  ponía  de


              color rosa. Medialunas de sangre comenzarían a


              aparecer  por  todo  el  cuerpo;  ésas  marcaban  la


              intersección  geométrica  de  la  detonación  con  la


              piel y eran un regalo para los forenses que podían


              así identificar el tipo de rallador comparando las

              marcas  con  útiles  tablas.  En  aquel  momento  la


              víctima no era más que un saco de vísceras viscosas


              y sin diferenciar y, por supuesto, nadie sobrevivía.





                 Tales            inventos               habían               provocado                  la


              preocupación  de  que  la  gente  de  la  phyle  A


              pudiese  introducir  subrepticiamente  unos  pocos


              millones de dispositivos letales en los cuerpos de los


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