Page 166 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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consecuencias.  Ahora  podías  robar  una  o  dos


              cuando  te  apetecía,  y  una  nueva  vendría  a


              reemplazarla; cuando veían que ya no formaban


              parte  de  la  red,  las  vainas  se  codificaban  a  sí


              mismas y se convertían en recuerdos instantáneos.




                  Esa aproximación amable no significaba que las


              alteraciones de la red no fuesen conocidas, o que


              se aprobasen esas actividades. Podías atravesar la


              red siempre que quisieses llevándote unas pocas


              vainas, a menos que la Seguridad Real le hubiese


              dicho a las vainas que te electrocutasen o que te


              convirtiesen en polvo. Si así fuese, te informarían

              amablemente antes de hacerlo. Incluso en su modo


              más pasivo, los aeróstatos vigilaban y oían, así que


              nada atravesaba la red de perros sin convenirse


              instantáneamente en una celebridad para cientos


              de fans uniformados en el Mando de la Fuerzas


              Reales.









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