Page 274 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Así  que  el  ojo‐celeste  envió  otro  grupo  de


              aeróstatos especializados en mareaje.





                 Apareció  la  imagen  de  un  aeróstato  marcador:

              más  pequeño  y  estrecho  que  los  de  vigilancia,


              recordaba  a  un  avispón  al  que  le  hubiesen


              arrancado  las  alas.  Las  células  que  contenían  las


              pequeñas  turbinas  de  aire,  que  daban  al


              dispositivo su capacidad para moverse en el aire,


              eran  muy  evidentes;  estaba  construido  para  la


              velocidad.




                 —Los               presuntos                 asaltantes                 adoptaron


              contramedidas  —dijo  la  señorita  Pao,  usando


              nuevamente ese tono inexpresivo. En la imagen,


              los criminales se retiraban. El aeróstato los siguió


              con un buen aumento. El juez Fang, que había visto


              miles de horas de películas de criminales huyendo


              de la escena del crimen, miró con ojos entrenados.


              Ladrones menos sofisticados se hubiesen limitado


                                                                                                       274
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