Page 37 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Peacock Bank, el mercader del que comprabas y la
tarjeta en la pelvis gestionaban todos los detalles.
Los bancos variaban en su filosofía de intereses,
pagos mínimos mensuales y otros detalles. Nada
de eso le importaba a Bud. Lo que le importaba era
qué le harían si se retrasaba, y, por tanto, después
de dejar pasar un intervalo decente pretendiendo
escuchar cuidadosamente toda aquella mierda
sobre tipos de interés, preguntó, de pasada, como
si fuese algo que se le acababa de ocurrir, por la
política de cobro. El banquero miraba por la
ventana como si no se hubiese dado cuenta.
La banda sonora cambió a jazz y se vio una
escena de una plantilla multicultural de damas y
caballeros, que para nada tenían el aspecto de
abusadores crónicos de crédito, sentados
alrededor de mesas de ensamblaje fabricando a
mano piezas de joyería étnica. Se lo pasaban bien,
bebiendo té e intercambiando alegres bromas.
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