Page 33 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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El Peacock Bank era un hombre elegante con una
perilla canosa, que olía a limón y que vestía un traje
cruzado demasiado elegante que dejaba bien clara
la estrecha cintura. Se le podía encontrar en una ofi‐
cina bastante sórdida, sobre una agencia de viajes,
en uno de los terribles edificios entre el Aeródromo
y la costa bordeada de burdeles.
El banquero no habló mucho después de
estrecharle la mano, se limitó a cruzarse de brazos
pensativo y a inclinarse sobre el borde de la mesa.
En esa postura escuchó las tergiversaciones que
Bud acababa de componer, asintiendo de vez en
cuando como si Bud hubiese dicho algo
importante. Era un poco desconcertante en cuanto
Bud sabía que todo era fachada, pero había oído
que aquellos imbéciles se enorgullecían de su
atención al cliente.
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