Page 621 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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sabiendo  que  estáis  aquí  sufriendo.  ¿Por  qué  no


             venís conmigo y me dejáis cuidar de vosotros?


             —No dejaré a mis amigos —dijo lo Princesa Nell.


                 —Por supuesto que no, no lo sugería —dijo el


             extraño—. Lástima que duerman. Vamos, ¡tengo

             una idea! Ven tú conmigo, y que tu amigo el co‐


             nejo  se  quede  despierto  vigilando  a  tus  amigos


             durmientes, y yo te mostraré mi casa... ya sabes,


             demostrarte que no soy un malvado extraño que


             intento  aprovecharse  de  ti,  como  se  ve  en  esas


             estúpidas  historias  para  niños  que  sólo  leen  los


             bebés. No eres un bebé, ¿verdad?


                 —No, no lo creo —dijo lo Princesa Nell.

                 —Entonces  ven  conmigo,  déjame  explicarme,


             pruébame,  y  si  resulta  que  soy  un  buen  tipo,


             volveremos  y  recogeremos  al  resto  de  tu  grupo.


             Vamos, ¡no malgastemos el tiempo!


                 La Princesa Nell encontró difícil decirle que no


                 al extraño.


                 —¡No vayas con él, Nell! —dijo Pedro. Pero al


             final,  Nell  fue  con  él  de  rodas  formas.  En  su


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