Page 646 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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El condestable se arregló la túnica y se cuadró de


             hombros ante la aparición de aquella niñita, que


             tenía aspecto de tete pero que hablaba corno una


             vicky. La sospecha dejó paso a la benevolencia, y


             deambuló  hacia  ellos  mientras  gritaba  algún

             insulto a los perros, que evidentemente sufrían de


             graves pérdidas auditivas.





             —Muy bien —dijo—. ¿A quién buscáis?





                 —A  un  hombre  llamado  Brad.  Un  herrero.


             Trabaja  en  un  establo  del  Enclave  de  Nueva


             Atlantis, cuidando de los caballos.




                 —Le conozco bien —dijo el condestable—. Será


             un  placer  telefonearle  en  vuestro  nombre.


             ¿Entonces... sois amigos suyos?





                 —Nos  gustaría  creer  que  nos  recuerda  con


              amabilidad —dijo Nell. Harv se volvió y le hizo un






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