Page 873 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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para su horror, que había estado rascándose la
nariz y que la señorita Stricken estaba en la
puerta mirándola como un halcón. Las dos
manos de Nell cayeron sobre su regazo, bajo la
mesa.
La señorita Stricken se acercó lenta y
deliberadamente.
—Tu mano derecha, Nell —dijo—, como a esta
altura —y le indicó con el extremo de la regla
una altura que sería conveniente para el asalto;
bastante alto con respecto a la mesa, para que
todas en el aula pudiesen verlo.
Nell vaciló un momento, luego levantó la
mano.
—Un poco más alto, Nell —dijo la señorita
Stricken.
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