Page 953 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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aunque la forma quedaba oculta por el moho y
los líquenes. La Princesa Nell golpeó la aldaba
con mucho esfuerzo y, dado su decrépito
estado, no esperaba respuesta; pero apenas
había sonado el primer golpe cuando se abrió
la ventanilla, y se enfrentó a un yelmo: porque
el guardián al otro lado estaba vestido de pies a
cabeza con una armadura oxidada y cubierta de
moho. Pero el guardián no dijo nada,
simplemente miró a la Princesa Nell; o eso
supuso, porque no podía ver la cara a través de
las finas rendijas del yelmo.
—Buenas tardes —dijo la Princesa Nell—.
Discúlpeme, pero viajo por estas regiones, y me
preguntaba si tendrían la amabilidad de darme
cobijo por esta noche.
Sin una palabra, el guardián cerró la
ventanilla. Nell pudo oír los crujidos y ruidos
metálicos de la armadura al alejarse lentamente.
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