Page 976 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Háblame de tu esposa.
—El tema me llena de una tristeza tan
insoportable que no puedo escribir sobre ella.
Ahora, centrémonos en trabajar sobre la
máquina de Turing.
Ya que la estrategia lasciva había fallado, Nell
intentó un camino diferente: hacerse la tonta.
Tarde o temprano, el duque se pondría algo
nervioso. Pero él siempre era terriblemente
paciente cuando ella repetía por vigésima vez
«¿Podrías explicármelo de nuevo con otras pala‐
bras? Todavía no lo entiendo». Por supuesto, por
lo que sabía, él estaba arriba golpeando las
paredes hasta que le sangraban los nudillos y
simplemente pretendía ser paciente con ella. Un
hombre que había estado encerrado en una torre
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