Page 1183 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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Levanté la mirada y vi al verdugo, mi primo, Sanjhuarr el de
las plumas rojas.
Polvo y arena y calor y el viento en el canal. Lo recuerdo.
Recuerdo el contacto del metal. La extraordinaria
sensación de intrusión, el horrible balanceo de la serrada
hoja. Se manchó muchas veces con mi carne, tuvieron que
sacarla y limpiarla. Recuerdo las ráfagas de aire caliente
sobre el tejido desnudo, sobre los nervios arrancados de sus
raíces. La lenta, lenta e inmisericorde quiebra de los huesos.
Recuerdo el vómito que apagó mis gritos, brevemente, antes
de que mi boca se vaciara y yo tomara aliento y volviera a
gritar. Sangre en cantidades aterradoras. La repentina,
vertiginosa sensación de ligereza al ser levantada y arrojada
lejos una de las alas y el temblor de los huesos contra mi carne
y los desgarrados jirones de esta, deslizándose sobre la herida
y la presión agonizante de las telas limpias y los ungüentos
sobre las laceraciones y el lento caminar de San jhuarr
alrededor de mi cabeza y la certeza, la insoportable certeza de
que todo ello iba a ocurrir de nuevo.
Nunca cuestioné la justicia del castigo. Ni siquiera cuando
huí para tratar de recuperar el vuelo. Me sentía doblemente
avergonzado. Mutilado y privado de respeto por el robo de
elección en el que había incurrido; y debería admitirla
vergüenza por tratar de anular un castigo justo.
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