Page 1178 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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de acrobacia solitaria. Mientras Isaac y Lin y Derkhan

            proseguían, la figura interrumpió sus círculos y cruzó

            a  toda  velocidad  el  cielo,  dirigiéndose  fuera  de  la


            ciudad.

                Aparecieron  estrellas  e  Isaac  empezó  a  despedirse

            entre  susurros  de  El  Reloj  y  el  Gallito,  del  Bazar  de


            Galantina y de Páramo del Queche y de sus amigos.

                Siguió  haciendo  calor  mientras  se  dirigían  al  sur,


            buscando  el  rastro  de  los  trenes,  hasta  llegar  a  un

            espacio  abierto  de  polígonos  industriales.  La  maleza

            campaba a sus anchas, dueña del pavimento, haciendo


            tropezar y proferir imprecaciones a los transeúntes que

            todavía llenaban la ciudad nocturna. Isaac y Derkhan


            guiaron cuidadosamente a Lin a través de las afueras

            de Ecomir y Arboleda, en dirección sur, rodeados por

            los trenes, hacia el río.


                El Gran Alquitrán, resplandeciendo hermosamente

            bajo el neón y la luz de gas, su polución oscurecida por

            los reflejos; y los muelles llenos de esbeltos navíos con


            pesadas  velas  y  buques  de  vapor  que  se  filtraban

            iridiscentes  por  las  aguas,  barcos  mercantes

            arrastrados por aburridos dracos marinos enjaezados a


            enormes bridas, torpes cargueros‐factoría erizados de

            grúas y martillos pilones; barcos para los que Nueva


            Crobuzon no era más que otra parada en su travesía.






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