Page 1179 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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En el Cymek, llamamos mosquitos a los pequeños satélites
de la Luna. Aquí en Nueva Crobuzon los llaman sus hijas.
La habitación está llena con la luz de la Luna y de sus hijas,
y vacía de todo lo demás.
Llevo aquí mucho tiempo, con la carta de Isaac en la mano.
Dentro de un momento, volveré a leerla.
Escuché la vaciedad de la ruinosa casa desde las escaleras.
Los ecos remitían durante demasiado tiempo. Supe antes de
tocarla puerta que el ático estaba desierto.
Llevaba horas fuera, buscando una espuria y titubeante
libertad por la ciudad.
Vagué entre los bonitos jardines de Sobex Croix, a través
de zumbantes nubes de insectos y junto a los estanques
esculpidos llenos de aves sobrealimentadas. Encontré las
ruinas del monasterio, la pequeña concha que esconde
orgullosamente el corazón del parque. Donde vándalos
románticos graban el nombre de sus amantes en las piedras
ancestrales. El pequeño edificio ya estaba abandonado un
millar de años antes de que se plantasen los cimientos de
Nueva Crobuzon. El dios al que estaba consagrado murió.
Algunas personas vienen de noche para honrar a su
fantasma con teología tenue, desesperada.
Hoy he visitado el Aullido. He visto el Vado de Manes.
Estuve de pie frente a un muro gris en Barracán, la piel
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