Page 826 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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desnudaron  sus  dientes  de  lápida  y  balaron  sus

            mutuos retos sexuales. Las húmedas válvulas bajo la

            quitina           rezumaban                 afrodisíaco.              Las        criaturas


            revoloteaban  entre  los  bancos  del  perfume  de  las

            demás.

                A  medida  que  continuaba  el  duelo  de  feromonas,


            una voz febril se alzó cada vez más triunfal. Un cuerpo

            ascendió más y más e hizo renunciar a sus compañeras.


            Las  emanaciones  inundaban  el  aire  de  sexo.  Hubo

            algunos últimos ataques, llamaradas de desafío erótico.

            Pero,  una  tras  otra,  las  demás  polillas  cerraron  su


            pudendo aparato femenino, aceptando la derrota y la

            masculinidad.


                La polilla victoriosa, la que aún sufría las cicatrices y

            heridas de su pelea contra la araña, remontó el vuelo.

            Su  aroma  seguía  empapado  de  jugos  femeninos,  su


            fecundidad  incuestionable.  Había  demostrado  ser  la

            más capacitada para criar.

                Se había ganado el derecho a portar a la prole.


                Las otras tres la adoraban. Se tornaron cisnes.

                El sabor de la carne de la nueva matriarca los volvía

            extáticos. Ascendían, caían y regresaban, excitados y


            ardorosos.

                La madre polilla jugaba con ellos, los dirigía sobre la


            ciudad oscura y tórrida. Cuando su súplica se hizo tan

            dolorosa  como  la  propia  lujuria,  se  detuvo  y  se




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