Page 382 - Portico - Frederik Pohl
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Esta vez lleva su holograma de Sigmund Freud, con
una truculenta mirada vienesa, nada gemütlich. Sin
embargo, conserva su amable voz de barítono:
‐ Si deseas saber qué revelan mis sensores, Bob, estás
muy agitado.
‐ Me lo imaginaba ‐ digo, brincando sobre la
alfombra.
‐ ¿Quieres explicarme por qué?
‐ ¡No! ‐ Toda la semana ha sido igual, magnífico sexo
con Doreen y S.Ya., y un río de lágrimas en la ducha;
absoluto triunfo en el torneo de bridge, y total
desesperación en el camino a casa. Me siento como un
yoyó ‐. Me siento como un yoyó ‐ exclamo ‐. Has
abierto algo que no puedo soportar.
‐ Creo que menosprecias tu capacidad para soportar
el dolor ‐ me dice con acento tranquilizador.
‐ ¡Vete al diablo, Sigfrid! ¿Qué sabes tú de la
capacidad humana?
Casi suspira.
‐ ¿Otra vez con éstas, Bob?
‐ ¡Si no te gusta, te aguantas!...
Es extraño, pero ya me siento menos nervioso; he
vuelto a enredarle en una discusión, y el peligro está
conjurado.
‐ Es verdad, Bob, que soy una máquina. Pero soy una
máquina diseñada para comprender cómo son los
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