Page 421 - Portico - Frederik Pohl
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sociedad. Sin embargo, no puedes utilizarla si no la
sientes.
‐ ¡Pero yo sí! ¡Dios mío, Sigfrid, tú sabes que la siento!
‐ Lo que sé ‐ contesta ‐ es que ahora te permites
sentirla. Ha salido al exterior, donde puedes hacer que
trabaje para ti, no sigue enterrada donde sólo podía
dañarte. Para eso estoy yo, Bob; para sacar tus
sentimientos adonde puedas usarlos.
‐ ¿Incluso los malos? ¿Culpabilidad, miedo, dolor,
envidia?
‐ Culpabilidad. Miedo. Dolor. Envidia. Los
motivadores. Los modificadores. Las cualidades que
yo, Bob, no poseo, excepto en un sentido hipotético,
cuando hago un paradigma, y me las asigno para su
estudio.
Hay otra pausa. Ésta me produce una extraña
sensación. Las pausas de Sigfrid están normalmente
encaminadas a darme tiempo para asimilar algo, o a
permitirle computar algunos factores complicados de
mi personalidad. Esta vez no creo que se trate de esto.
Está pensando, pero no en mí. Al fin me dice:
‐ Por lo tanto, ahora puedo contestar a lo que me has
preguntado, Bob.
‐ ¿Preguntarte? ¿Qué te he preguntado?
‐ Me has preguntado: «¿Llamas a esto vivir?». Y yo te
contesto: Sí. Esto es exactamente lo que yo llamo vivir.
Y, en mi mejor sentido hipotético, te envidio por ello.
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