Page 418 - Portico - Frederik Pohl
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Sigfrid.  Ni  siquiera  la  silla  donde  normalmente  se

            sienta.


               ‐ ¡Sigfrid!

               Sigo  gritando,  con  el  corazón  en  la  garganta  y  la

            cabeza dándome vueltas.


               ‐ ¡Sigfrid! ‐ chillo, y al fin veo una especie de neblina,

            un destello, y aparece ante mí en su caracterización de


            Sigmund Freud, mirándome cortésmente.

               ‐ ¿Sí, Bob?

               ‐ ¡Sigfrid, es verdad que la maté! ¡Se ha ido!


               ‐ Veo que estás trastornado, Bob ‐ me dice ‐. ¿Quieres

            decirme qué te preocupa?

               ‐  ¡Trastornado!  Te  has  quedado  corto,  ¡soy  una


            persona que mató a otras nueve personas para salvar

            su  vida!  ¡Quizá  no  «realmente»!  ¡Quizá  no

            «intencionadamente»!  ¡Pero,  a  sus  ojos,  yo  los  maté,


            igual que a los míos!

               ‐  Pero,  Bob ‐  responde  pacientemente ‐,  ya  hemos


            hablado de todo esto. Ella sigue estando viva; todos lo

            están. El tiempo se ha detenido para ellos...

               ‐ Lo sé ‐ gimo ‐. ¿Es que no lo entiendes, Sigfrid? Éste


            es  el  punto.  No  sólo  la  maté,  sino  que  aún  estoy

            matándola.


               Con mucha paciencia:

               ‐ ¿Crees que lo que acabas de decir es cierto, Bob?

               ‐ ¡Ella cree que sí! Ahora y siempre, mientras yo viva.


            Para ella no han transcurrido los años desde entonces;




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