Page 131 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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eran  dos  otakus  chiflados  que  trabajaban  en  un


           laboratorio  de  física,  robando  qubits  encerrados  en


           trampas de iones y enchufándolos a sus plataformas


           de  juegos,  coordinando  bandas  de  hermandades  y


           forrándose en  las  casas  de  subastas.  Resulta que  se


           pueden                hacer             cosas            divertidas                 con           los


           entrelazamientos.  Las  partidas  se  vuelven  extrañas.


           Como  el  dilema  del  prisionero  pero  con  telepatía.


           Coordinación perfecta. Nuevos equilibrios de juego.


           Pateábamos culos y nadábamos en montañas de oro.



           —Todavía los pateamos —dice Drathdor.



           —Ssh.              Pero           la        magia              no         funciona                sin


           entrelazamientos. Por aquel entonces no existían los


           satélites  de  comunicación  cuánticos.  Así  que


           celebrábamos fiestas como ésta. La gente se paseaba


           con sus qubits, entrelazándolos con tantas personas


           como era posible. —La Veterana sonríe—. Y entonces


           nos  dimos  cuenta  de  lo  que  podía  lograrse


           combinando  una  planificación  de  recursos  y  una


           coordinación  perfectas  con  interfaces  de  cerebros


           informáticos.




           Da unos suaves golpecitos en el pomo de su espada,


           una joya del tamaño de un huevo que desentona con


           su armadura anodina, transparente y facetada, con un


           tinte violeta.











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