Page 274 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Indignada,  Mieli  apaga  el  sonido,  saca  el  gógol


           cirujano de su metacórtex y le ordena que empiece.


           Encierra a la vasilev en un cajón de arena y comienza


           a  cortar,  separando  las  funciones  constantes


           superiores,  recompensando  y  castigando.  Es  como


           esculpir  con  fines  perversos,  destrozando  la  roca  y


           recomponiéndola  en  otra  cosa  en  vez  de  intentar


           encontrar la forma que oculta.



           Los  informes  del  gógol  cirujano  consisten  en  frías


           lecturas  de  aprendizaje  asociativo  en  poblaciones


           neuronales                 simuladas.                 Mieli           los        interrumpe


           transcurridos  unos  instantes.  Consigue  llegar  al


           cuarto de baño a duras penas antes de sucumbir a las


           arcadas y rencontrarse con los pestilentes restos de su


           almuerzo a medio digerir.



           Regresa junto a la vasilev con la boca llena de un sabor


           acre.




           —Hola,  cariño  —dice  la  mente,  en  un  tono


           sospechosamente eufórico—. ¿Qué puedo hacer por


           ti?



           —Puedes empezar contándome todo lo que sepas de


           Jean le Flambeur.



           Raymonde  llega  tarde.  Cruza  la  pequeña  ágora


           ostentosamente cogida de la mano de un tipo alto y


           apuesto, de cabellera leonina, más joven que ella, del


           que se despide con un beso antes de saludarme con la





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