Page 270 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Se recoge un mechón de cabello negro tras el lóbulo
de una oreja muy pálida.
—De acuerdo. Tendrás que convencerme. Pero yo
elegiré el sitio. —La comemoria que me pasa indica
un lugar cerca del monumento a la Revolución—.
Espérame allí, a las siete.
—Hecho. ¿Cómo has dicho que te llamabas?
—No lo he dicho. —Se pone de pie y se aleja
bordeando el parque infantil, con sus tacones
repicando contra el pavimento.
Mientras el ladrón recorre la ciudad en pos del amor,
Mieli intenta obligarse a interrogar a la vasilev.
El proyectil del lanzafantasmas —apenas del tamaño
de una cabeza de alfiler— contiene la potencia
computacional suficiente para soportar una mente de
nivel humano. Lo sopesa en el estuche de zafiro que
lo mantiene sedado, lanzándolo arriba y abajo,
desacostumbrada aún a la novedad de la gravedad.
Incluso ese objeto tan diminuto parece pesado, como
el lastre del fracaso; pequeños impactos que reinciden
sobre su mano, una y otra vez.
Es la guerra, se dice. Empezaron ellos. ¿Qué otra opción
tenía?
La habitación de hotel es demasiado pequeña,
demasiado confinada. Mieli se descubre saliendo a la
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