Page 315 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 315

Abro la boca, pero algo me dice que esta vez lo más


           prudente será dejarlo correr.



           Me  siento  a  la  mesa  esa  misma  tarde,  dispuesto  a


           trazar algún plan.



           Mieli  está  transformando  nuestra  morada  en  una


           fortaleza en miniatura —con las ventanas patrulladas


           por  enjambres  de  puntos‐q—  mientras  continúa


           recuperándose  de  los  daños  sufridos  durante  la


           refriega con Raymonde. De nuevo me puedo recrear


           en una soledad relativa, en la medida que sea capaz


           de ignorar el enlace biotópico que nos une. Me instalo


           en  el  balcón  con  un  montón  de  periódicos,  café  y


           croissants,  me  pongo  las  gafas  de  sol,  me  reclino  y


           empiezo a hojear las páginas de sociedad.




           Como  ocurre  en  todos  los  ámbitos,  tampoco  aquí


           escatiman  ingenio,  y  me  descubro  pasándolo  en


           grande  con  tanto  melodrama  exagerado.  Los


           tzaddikim figuran en multitud de titulares, cuyo tono


           varía  en  función  de  la  publicación;  algunas


           directamente  los  adoran.  Me  llama  la  atención  la


           historia acerca de un chico que está trabajando con el


           Caballero  en  un  caso  de  piratería  de  gógoles;  me


           pregunto  si  se  tratará  del  mismo  detective  que


           mencionó la Cocatriz.



           Sin  embargo,  el  plato  fuerte  lo  compone  la  lista  de


           fiestas de carpe diem que se avecinan; supuestamente






                                                                                                            315
   310   311   312   313   314   315   316   317   318   319   320