Page 313 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Sí.
Cruzamos Montgolfiersville siguiendo a Raymonde,
entre los pequeños jardines vallados que sirven de
amarradero para los hogares aerostáticos. El sol que
atraviesa las bolsas de gas multicolores y la sensación
de vértigo causada por el gevulot —no nos
concedieron permiso para recordar dónde se celebró
la reunión— me mantiene callado durante un rato.
Pero al adentrarnos en las calles del Filo, más amplias
y familiares, cuando Raymonde renuncia a la
identidad del Caballero en favor de su elegante yo
femenino, me siento en la obligación de romper el
silencio.
—Gracias —le digo—. Te has arriesgado mucho.
Procuraré que no lo lamentes.
—Bueno, no es nada descabellado que termines
lastimándote antes de que esto termine. Así que no
me agradezcas nada todavía.
—¿De veras lo hice tan mal?
—Tan mal, sí. Y peor. Temía haber cometido un error
hasta que habló tu amiga. —Raymonde mira a Mieli
con respeto—. Fue un gesto muy… noble —le dice—.
Me disculpo por las circunstancias en que nos hemos
conocido, y espero que podamos trabajar juntas.
Mieli asiente con la cabeza.
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