Page 158 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—¿Estás seguro de que no es peligroso? —dijo
Holsten, pero Karst ya estaba enviándoles las
imágenes a sus pantallas.
El dron se estaba moviendo sobre un dosel verde
ininterrumpido, una riqueza vegetal
inimaginable que les había sido negada.
Entonces el punto de vista se movió hacia abajo,
cuando Karst ordenó descender al dron,
haciéndolo volar por una abertura entre los
árboles y zigzaguear hábilmente entre las ramas.
El mundo que se les reveló era asombroso, un
bosque como una catedral cuyas cúpulas eran las
ramas entrelazadas, como un cielo verde
sostenido por los pilares de los troncos. El dron
planeó a lo largo de este espacio vasto y
cavernoso, manteniendo la distancia tanto
respecto al suelo como del dosel.
Las expresiones de la tripulación de la Gilgamesh
eran hambrientas y amargas mientras admiraban
su herencia prohibida, un Edén no destinado a
manos humanas.
—¿Qué es lo que hay ahí delante? —preguntó
Lain.
—No detecto nada. Es solo un fallo visual —
contestó Lain, y de repente su punto de vista se
balanceó salvajemente, detenido en mitad del
aire y sacudiéndose de inercia frustrada.
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