Page 159 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Karst maldijo, e intentó enviar instrucciones a
toda prisa, pero el dron parecía atrapado en algo
invisible… o casi invisible. Holsten solo podía ver
breves destellos en el aire mientras el punto de
vista del dron giraba y bailaba.
Sucedió muy rápidamente. Estaban mirando el
espacio vacío ante sí al que el dron no podía
llegar inexplicablemente, y entonces una gran
sombra con forma de mano eclipsó la vista.
Tuvieron un momento para ver las muchas patas
peludas, y dos colmillos como garfios curvos que
atacaban salvajemente la cámara con feroz
velocidad. Al segundo impacto, la imagen se
convirtió en estática.
Durante un largo rato nadie dijo nada. Algunos,
como Holsten, se limitaban a mirar a las pantallas
muertas. Vitas se había puesto rígida, y un
músculo le temblaba en la comisura de los labios.
Lain estaba reproduciendo los últimos segundos
de la imagen, analizándola.
—Extrapolando el dron y los parámetros de la
cámara, esa cosa medía cerca de un metro de
largo —dijo finalmente con voz temblorosa.
—Eso no era un jodido mono —escupió Karst.
Tras la Gilgamesh, el mundo verde y su centinela
orbital se alejaron hasta hundirse en la oscuridad,
dejando a la tripulación de la nave arca con
sentimientos contradictorios.
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