Page 28 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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quebradas marrones y negras. Para los
depredadores, parece más una hoja seca que una
presa.
Está esperando. Bajos sus formidables ojos, los
colmillos están flanqueados por piezas bucales
parecidas a patas: los palpos, de un color
sorprendentemente blanco, como un bigote
tembloroso. La ciencia la llama Portia labiata, y es
solo una discreta especie de araña saltadora.
Su atención está concentrada en otra araña que se
encuentra en su propia red. Es una Scytodes
pallida, de patas más largas, jorobada y capaz de
escupir una tela tóxica. La Scytodes está
especializada en capturar arañas saltadoras como
Portia.
Portia está especializada en comer arañas que
comen arañas, la mayor parte de las cuales son
más grandes y fuertes que ella misma.
Sus ojos son notables. Esos discos del tamaño de
la punta de un alfiler poseen la agudeza visual de
un primate, y las cámaras flexibles tras ellos unen
las piezas del mundo que la rodea.
Portia no piensa. Sus sesenta mil neuronas
apenas forman un cerebro, en contraste con los
cien mil millones de uno humano. Pero algo
sucede en ese diminuto nudo de tejido. Ya ha
reconocido a su enemiga, y sabe que su tela tóxica
hace que cualquier asalto frontal resulte letal.
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