Page 289 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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era, de hecho, algo que la nave se suponía que


              podía hacer. Así que el piloto había desgajado el


              trozo que aún quedaba de ella justo antes de que

              entrasen  en  la  atmósfera,  de  forma  que  el


              retorcido pedazo de chatarra trazó una estela por


              el cielo de aquel nuevo mundo como si anunciase


              a un nuevo mesías.


              Lo que no significa que el aterrizaje fuera suave.


              Habían caído con tanta fuerza, y en un ángulo tan


              desfavorable, que uno de los amotinados se vio


              arrancado  de  sus  correas  y  lanzado  fatalmente

              contra el panel de comunicaciones, mientras que


              el  propio  Holsten  sintió  que  algo  cedía  en  su


              pecho cuando la física luchó por separarle de las

              ataduras  que  Lain  había  conseguido  cerrar  en


              torno  a  él.  Cuando  impactaron  perdió  el


              conocimiento. Al igual que todos.



              Al  despertar,  se  dio  cuenta  de  que  estaban  en

              tierra  pero  ciegos:  el  interior  de  la  cabina  se


              encontraba a oscuras salvo por una cascada de


              luces de aviso que advertían de lo mal que estaba


              la cosa, y las pantallas estaban apagadas o rotas.

              Alguien sollozaba, y Holsten lo envidió, porque


              a él le costaba hasta tomar aliento.



              —¿Mason? —oyó en su oído: Lain le hablaba a

              través de la mascarilla, y no por primera vez, al


              parecer.



              —Hhhh… —consiguió decir.








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