Page 285 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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y se ha disuelto en una gran masa de cuerpos de
insectos, de la que puede ver que un puñado de
arañas se están desenterrando. Las hormigas no
oponen resistencia. No están muertas; mueven
las antenas con esperanza y algunas de ellas van
de aquí para allá sin propósito, pero algo ha
desaparecido de la propia colonia: su intención.
Portia intenta apartarse de la colonia silenciosa,
pero la rodea por todas partes, un vasto paisaje
de arquitectura derruida hedía de hormigas. No
puede dejar de pensar que en cualquier momento
volverán a recordar su lugar en el mundo.
Menos de la mitad de su equipo de infiltración
sigue viva, y esas arañas se arrastran torpemente
hacia ella, algunas heridas, todas exhaustas por el
peso de la armadura que deben llevar. No están
en condiciones de luchar.
Entonces una de sus camaradas la toca para
llamar su atención. El suelo formado por
hormigas atontadas es demasiado inestable para
tener una conversación sobre él, de forma que
gesticula ampliamente con los palpos: Ella está
viniendo. Todos vienen.
Es cierto: Bianca y sus ayudantes machos han
llegado, y no están solas. Trotando dócilmente a
su lado hay más hormigas, más pequeñas que la
mayoría de las castas invasoras y
presumiblemente criadas en las colonias
domesticadas del Gran Nido.
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