Page 323 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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poseía un cuerpo en órbita que emitía su propia
señal.
El problema de este segundo mensaje es que era
incomprensible. Al contrario que las secuencias
numéricas regulares y de una belleza abstracta
que se habían convertido en el corazón de su
religión, la nueva Mensajera emitía solo caos: un
galimatías cambiante, oscilante y sin sentido. Las
sacerdotisas y las científicas escucharon sus
pautas y las registraron con su compleja notación
de nudos y nodos, pero no pudieron extraer
ningún significado de ellas. Años de estudio
infructuoso concluyeron con la sensación de que
esta nueva fuente de señales era algún tipo de
antítesis de la Mensajera, alguna fuente casi
malévola de entropía en lugar de orden. En
ausencia de más información, se le atribuyeron
toda clase de curiosas intenciones.
Entonces, unos años después, la segunda señal
dejó de variar y se redujo a una sola transmisión
repetida, una y otra vez, y esto a su vez condujo
a una masa de especulaciones a lo largo de lo que
para entonces se había convertido en una
comunidad global de sacerdotisas científicas.
Una y otra vez la señal fue investigada para
desvelar su sentido, pues con certeza un mensaje
repetido una y otra vez debía ser importante.
Hubo una peculiar escuela de pensamiento que
detectó una especie de necesidad en la señal, e
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