Page 36 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—Es  todo…  —Su  áspera  voz  la  puso  furiosa.


              Clarifica. ¿Cuál es el problema?



              —Me temo que no hay nada con lo que iniciar


              contacto,  doctora  —le  dijo  educadamente  el

              modo  Eliza  del  ordenador.  Su  atención  fue


              dirigida  entonces  a  una  simulación  del  espacio


              que las rodeaba: el planeta, la Cápsula Centinela.

              Ninguna nave de la Tierra.



              Explícate.



              —Ha habido un cambio en las señales de radio,


              doctora.  Me  temo  que  requiero  una  decisión


              ejecutiva acerca de su importancia.


              —¿Te importaría dejar de decir «me temo»? —


              articuló con ferocidad.



              —Claro, doctora. —Y así sería. Ese tic quedaría


              borrado  de  su  discurso  a  partir  de  ese

              momento—.  Desde  que  usted  entró  en


              hibernación, he estado escuchando las señales de


              la Tierra.


              —¿Y? —Pero la voz de Kern se quebró un poco.


              Sering mencionó una guerra. ¿Han llegado noticias de


              una guerra? Y, justo después: ¿Cómo habría sabido


              el  ordenador  que  tenía  que  despertarme?  No  sería

              capaz de identificar ese contenido. Así que, ¿qué…?



              Ya  estaba  ahí,  perdida  entre  la  profusión  de


              datos,  pero  el  ordenador  la  subrayó  ahora.  No


              una presencia, sino una ausencia.








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