Page 396 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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sus descendientes para siempre a ser menos de lo
que podrían haber sido.
Entonces llegó un mensaje de Lain: quería que
fuese al satélite. «Para algún tipo de traducción
peligrosa o algo así», para ser precisos.
Entre la presión constante de Guyen y la
juventud agresivamente exclusiva del resto de la
especie humana, en aquel momento Holsten
sentía cierta pena por sí mismo. No tenía muchas
ganas de que se rieran de él, lo que era
aparentemente para lo que Ingeniería pensaba
que servía. Pensó seriamente en hacer caso omiso
de Lain si no estaba dispuesta a pedírselo
correctamente. Finalmente fue Guyen quien lo
decidió, porque hacer un viaje a la estación daría
a Holsten un respiro bienvenido de la presencia
constante del comandante a su alrededor.
Mandó una señal de que estaba en camino, y
encontró una lanzadera y un piloto que lo
esperaban en el hangar. Durante el trayecto,
volvió las cámaras exteriores hacia el planeta y se
quedó mirando sombríamente el orbe gris hongo,
imaginando que se alzaba hacia ellos, vastas
torres del tamaño de edificios de cuerpos
fructificando e hinchándose hasta la atmósfera
superior para capturar a los diminutos intrusos
que habían osado disputar su completo dominio
del mundo.
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