Page 492 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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de la Gilgamesh no había clima, y si se producían
extremos de temperatura, probablemente serían
letales. Y sin embargo, esta gente había puesto
por todas partes cubiertas improvisadas contra
elementos inexistentes, y había usado cables y
mantas y paneles canibalizados para marcar
territorios personales que apenas eran
suficientemente grandes para tumbarse. Era
como si, tras tantos siglos pasados en fríos
ataúdes, la especie humana no estuviera
dispuesta a salir de sus confines.
Anteriormente solo había podido echar un
vistazo a los devotos que habían supervisado su
cautiverio. Ahora estaba prisionero, y vigilado
por guardias, en lo que reconocía como la sala de
Comunicaciones. ¿Cuánto tiempo hacía que
había estado allí sentado, intentando establecer
contacto con el Hábitat Centinela Brin? Parecía
muy poco en su recuerdo. Ahora las consolas
habían sido retiradas (plegadas o arrancadas) y
no se podían ver las paredes de la pura cantidad
de humanidad. Lo miraban fijamente, estos
herederos del arca hirsutos y mugrientos.
Hablaban entre sí. Apestaban. Estaba dispuesto a
detestarlos, y recibir su odio, al observar a esos
salvajes degenerados que estaban encerrados en
las tripas de una nave que estaban destruyendo
lentamente. Pero no pudo hacerlo. Fueron los
niños quienes lo disuadieron. Casi había
olvidado a los niños.
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