Page 493 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Los  adultos  parecían  poseer  una  cualidad


              desconcertante,  la  de  gente  que  ha  sido


              alimentada con un abanico limitado de mentiras

              y  en  consecuencia  adopta  expresiones  de


              desesperada  tranquilidad,  como  si  admitir  la


              miseria y las privaciones bajo las que claramente


              vivían hubiera supuesto arriesgarse a perder el

              favor  de  Dios.  Los  niños,  sin  embargo…  eran


              todavía  niños.  Se  peleaban  y  se  perseguían  y


              gritaban, y se comportaban como recordaba que

              hacían los niños, incluso en aquella Tierra tóxica


              donde su generación no tenía más futuro que una


              muerte lenta.



              Allí  sentado,  observó  cómo  lo  miraban  con

              curiosidad,  huían  al  verlo,  y  luego  volvían  a


              acercarse sigilosamente. Vio cómo creaban entre


              sí  sus  pequeños  mundos  a  medio  formar,


              desnutridos,  frágiles  y  humanos  de  una  forma

              que Holsten sentía que ya no lo eran ni él ni los


              padres de ellos.



              El camino desde la Tierra había sido largo, pero


              no tan largo como el que él había recorrido desde

              que  era  tan  inocente  como  ellos.  El  peso  del


              conocimiento en su cabeza ardía como un carbón


              intolerable: la certeza de la muerte de la Tierra,

              de  las  colonias  congeladas,  de  un  imperio  que


              abarcaba  las  estrellas  reducido  a  un  cerebro


              enloquecido  en  un  frío  satélite…  y  del  arca

              tomada por los monos.







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