Page 536 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Guyen casi lo consiguió en ese momento. Las
percepciones de Holsten sobre lo que estaba bien
y mal se agitaban como un pez fuera del agua, y
se dio cuenta de que era posible mirar ese rostro
grisáceo y moribundo y contemplar al salvador
de la humanidad: un hombre que había sido
entrenado para tomar decisiones difíciles, y las
había tomado con pena pero sin dudar.
Entonces una auténtica impresión se abrió paso
finalmente en la cara de Guyen.
—Y además —añadió—, eran traidores.
Holsten se quedó allí sentado, muy quieto,
mirando la terrorífica recomposición de los
rasgos del comandante. Una especie de estúpida
e infantil satisfacción se había apoderado del
viejo, quizá sin que este fuera consciente de ello.
Había habido amotinados, por supuesto, como
Holsten podía recordar por muy buenas razones.
Se acordaba de Scoles, Nessel y toda aquella
retórica sobre ser sacrificados en una tumba
helada.
Y tenían razón.
Y, por supuesto, la mayor parte de los
amotinados habían muerto. El cargamento
descongelado para formar la tripulación de la
base lunar no había estado formado por
traidores; de hecho, habrían tenido una idea muy
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