Page 104 - Ciencia Ficción - Selección 01
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de pánico al luchar con los pliegues de su capa. Se


            tardaba  mucho  en  conciliar  el  sueño  y  cuando


            llegaba  quedaba  roto  por  extraños  sueños  y  so‐

            nidos. A menudo había relámpagos en el horizonte


            y  en  la  lejanía  sonaba  el  bramar  de  los  truenos.


            Estábamos  rodeados  por  un  enorme  círculo  de


            tormentas, pero ninguna estallaba.

               Para empeorar las cosas, en la tercera semana de


            la ola de calor, la piscina quedó prohibida por orden


            del médico del colegio.


               Varios  muchachos  se  sentían  afectados  por  una

            enfermedad  cutánea...,  una  especie  de  furúnculos


            que el doctor Halliday consideraba que podían ser


            contagiosos  y  tenían  su  origen  en  el  agua  de  la


            piscina.

               Ciertamente, la enfermedad no respondía a su tra‐


            tamiento: dijeron que las inyecciones de penicilina


            aún inflamaban más las hinchazones. Se drenó la


            piscina,  pero  el  contagio,  si  era  tal...,  continuó

            extendiéndose.


               Los  muchachos  afectados  no  tenían  fiebre  y  a


            todos se les permitía asistir a las clases, bien ocultos


            sus furúnculos bajo una compresa de gasa.

               En realidad yo no vi uno de tales furúnculos hasta


            que en una noche, normalmente tórrida, en la que


            sufría  un  terrible  dolor  de  cabeza,  había  ido  a  la


            «clínica» de Molly Sabine, tras el general apagón de

            luces,  para  topar  una  aspirina  y  una  tableta  para











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