Page 113 - Ciencia Ficción - Selección 01
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espuma por la boca: me gruñía como un chacal y se
acercó más a mí, retorciéndose. Alguien cubierto
por una piel de hiena la apartó a un lado vio‐
lentamente y se inclinó para darme comida de una
calabaza pintada. Oí una voz que murmuraba en mi
oído: «No lo comas. Es Zebulon», y entonces
desperté para contemplar un rojizo y silencioso
amanecer, y el familiar espectáculo de las hayas que
se alzaban más allá de mi ventana.
Me levanté y me vestí. Abrí el armario y saqué de
allí el talismán cíclope, y durante un rato estuve
junto a la ventana pensando en lo que debía hacer
con él. Mi habitación estaba orientada a una parte
del Paseo de las Hayas, y allí era el punto donde
más se aproximaba a un ala de la casa: las hayas se
perdían a lo lejos, y a la izquierda se veía el parque
y el pequeño templete.
Con la creciente luz del día el horror de la noche
fue haciéndose más y más remoto. Mis temibles
sospechas de hacía solamente un rato comenzaron
a parecer absurdas. De todas maneras no deseaba
compartir mi habitación otra noche con aquel trozo
de dura madera tallada que sostenía en aquel
momento como un cetro sobre mi antebrazo. El
problema quedó resuelto al fijarme en el pabellón
de verano. El templete griego sería el «hogar» de
Polly hasta fin de curso.
Antes que alguien se hubiese levantado tomé la
llave del tablero que había en la oficina de la
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