Page 198 - Ciencia Ficción - Selección 01
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—Veo la analogía —respondió el doctor Urth—.


            ¿Cree usted que esa propiedad de influir sobre la


            mente de las gentes sólo es una función accidental

            del dispositivo?


               —Estoy seguro de ello —dijo Davenport, calurosa‐


            mente—.  Si  podemos  descubrir  su  verdadero


            propósito, la tecnología de la Tierra puede dar un

            salto hacia delante de muchos siglos.


               —Entonces  está  usted  de  acuerdo  con  Jennings


            cuando dijo...


               Urth consultó de nuevo el microfilm y añadió:

               —...que podría ser la clave... ¿Quién sabe eso? Po‐


            dría  ser  la  clave  de  una  inimaginable  revolución


            científica.


               —¡Exactamente!

               —Pero aun así permanece el juego con la mente


            humana y es altamente peligroso. Fuese cual fuere


            el propósito de aquel aparato de radio, lo cierto es


            que «electrocutaba».

               —Razón por la que no podemos consentir que ese


            dispositivo caiga en manos de los ultras.


               —¿Ni tampoco en las del Gobierno?


               —Pero debo señalar que hay un límite razonable a

            la  precaución.  Consideremos  que  los  hombres


            siempre han mantenido el peligro en sus manos. La


            primera hacha de pedernal en la Edad de Piedra, la


            primera  estaca  de  madera,  aún  antes  del  hacha,

            podían matar. Podían emplearse para doblegar la


            voluntad de los más débiles ante los más fuertes, y







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