Page 98 - Ciencia Ficción - Selección 01
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olvidado algo. Había una cosa sobre el alféizar de la


            ventana: era el juju de Winterborn.


               —Mira esto —dije—, ¿dónde está Winterborn? Se

            dejó atrás su mascota.


               —¡Oh,  la  llevaré  yo,  señor!  —dijo  Custance—.


            Winterborn me pidió que la buscase.


               —¿Dónde está él? No lo he vuelto a ver desde que

            terminó la obra, su representación.


               —Creo que no se siente muy bien, señor.


               —¿Se ha ido a la cama?


               —No,  señor.  Está  sentado  ahí  fuera,  sobre  la

            hierba.


               —Está bien. ¿Tienes ya esa mascota? Yo voy a ce‐


            rrar.


               Me  detuve  entonces  entre  las  columnas  dóricas.

            Estaba  oscureciendo.  Una  luna  descolorida,  los


            planetas y las estrellas bordaban ya un cielo azul


            negro.  Entre  los  árboles  la  casa  de  estuco  parecía


            muchísimo más blanca, un blanco fantasmal sobre

            el que unas abiertas ventanas ya iluminadas por la


            luz eléctrica se destacaban como si fuesen manchas


            de sangre sobre un blanco espectro.


               Acababa de levantarse un viento frío con la salida

            de  la  luna.  Recordé  al  cegado  Polyphemus


            balanceándose en aquel mismo lugar horas antes,


            reuniendo  fuerzas  para  lanzar  aquel  poderoso


            grito..., y sentí un estremecimiento.

               Custance ya atravesaba el césped haciendo oscilar


            el juju como si se tratara de un llavero. Cuando le







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