Page 267 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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—Las tres. El coche ya estará casi listo.



           Las pruebas terminaron a las cuatro menos cuarto.


           El        grupo             volvió             al        hotel,           conversando


           animadamente. William se detuvo en el garaje.


           —El coche estará arreglado a las seis —dijo saliendo


           del taller, pensativo.



           —¿Pero no más tarde?



           —No. No te preocupes.



           Ya  en  el  vestíbulo  del  hotel,  William  y  Susan


           miraron  a  su  alrededor  buscando  a  alguien  que

           estuviera  solo,  alguien  que  se  pareciese  al  señor


           Simms,  alguien  con  el  pelo  recién  cortado,  y


           envuelto  en  nubes  de  tabaco  y  perfume.  Pero  el


           vestíbulo estaba desierto. El señor Melton comenzó

           a subir por la escalera y dijo:



           —Bueno,  ha  sido  un  día  terrible.  ¿Quieren


           refrescarse un poco? ¿Martini? ¿Cerveza?



           —Quizá. Un vaso.



           El  grupo  invadió  el  cuarto  del  señor  Melton.  Se


           repartieron unas copas.


           —Fíjate en la hora —dijo William.



           La hora, pensó Susan. Si tuvieran algunas horas por


           delante. Sólo quería sentarse en la plaza, durante


           todo  un  día  de  octubre,  sin  preocupaciones,  sin

           pensamientos, con el sol en los brazos y la cara, los


           ojos  cerrados  y  el  cuerpo  inmóvil,  sonriéndole  al







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