Page 358 - Seveneves -Neal Stephenson
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Rain Man de su cabeza —«Doob, como en dub‐
itativo»— y no pensar en ellos.
Habían partido dos horas antes desde el
George H. W. Bush, un superportaaviones situado
en la bahía de Bengala. Doob había contemplado
la nave con los ojos de un hombre que en unos
pocos meses se trasladaría de forma permanente a
su equivalente orbital. Era una isla artificial, con
miles de personas densamente encajadas en un
envoltorio de pura tecnología. Resultaba
asombrosa la profesionalidad de la tripulación y
lo bien que iba todo. ¿Se podía reproducir algo así
en el espacio, con gente elegida por todo el
mundo y entrenada en campamentos durante un
año? En media hora sabría algo más.
El helicóptero se metió por un hueco entre la
niebla que rodeaba las montañas y durante unos
minutos atravesó vapor y neblina. Apareció la
única pista del aeropuerto, aterradoramente cerca.
El helicóptero ejecutó un aterrizaje perfecto a casi
un palmo de la terminal. Doob se dio cuenta de
que tenía la mandíbula tensa e intentó relajarla.
Había cometido el error de buscar información
sobre aquel lugar y descubrió que estaba encajado
entre picos de más de cinco mil metros de altura,
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