Page 361 - Seveneves -Neal Stephenson
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húmedas llanuras verdes y los ríos ociosamente
entretejidos de Bangladés.
Con la esperanza de avanzar algo en los dos o
tres minutos que faltaban para abrir la puerta del
helicóptero, lo cogió, lo abrió y sacó las hojas. Fue
suficiente para despertar a Tav, pero no tanto
como para hacer que se moviese. Miró a Doob y
lo observó leer.
—Si viste de rojo, amarillo o ambos, es un
lama —leyó—. Inclínate ante él.
—¿Un lama no es un camello de Sudamérica?
—Con una ele. Un hombre santo. Juntas las
manos y te inclinas un poco.
—No creo que…
—No te vas a morir por hacerlo, ¿no? Si sobre
el hombro izquierdo lleva una enorme bufanda
amarilla, entonces es el rey. En ese caso la
inclinación tiene que ser mayor.
—Gracias. ¿Algo más?
Sentado junto a Doob estaba Mario, el
fotógrafo: un hombre de unos treinta años con un
bigote pequeño y oscuro, acento de Nueva York,
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