Page 477 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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y no se veía malgastando el día. Así que llevó el


              velocípedo hasta el centro de la ciudad, se paró en


              el primer pub que vio y almorzó. El camarero le


              indicó la Real Oficina Postal, que estaba a un par


              de manzanas de allí.





                 La oficina de correos era grande, dotada con una


              gran  variedad  de  compiladores  de  materia,


              incluido un modelo de diez metros cúbicos justo al


              lado de la zona de carga. Hackworth metió el vale


              del Doctor X en el lector y contuvo la respiración.


              Pero no sucedió nada dramático; la pantalla en el


              panel de control le indicó que el trabajo iba a llevar


              un par de horas.





                 Hackworth  mató  el  tiempo  vagando  por  el


              enclave.  El  centro  de  la  ciudad  era  pequeño  y


              pronto  daba  paso  a  un  vecindario  lleno  de


              magníficas  casas  georgianas,  victorianas  y


              románicas, con algunas tudor desiguales colgadas


              de una colina o protegidas en un hueco verdoso.


              Más allá de las casas había un cinturón de granjas


              aristocráticas que se mezclaban con los campos de


              golf  y  los  parques.  Se  sentó  en  un  banco  en  un


              florido jardín público y desdobló la hoja de papel


              media‐trónico  que  seguía  los  movimientos  de  la


              copia  original  del  Manual  ilustrado  para


              jovencitas.


                                                                                                          477
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