Page 547 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Moore había alcanzado la edad en que los
hombres pueden someter sus cuerpos a las
peores irritaciones —whisky, cigarrillos, ropas
de lana, gaitas— sin sentir nada, o, al menos, sin
demostrarlo.
—Sentimos haber entrado —dijo Rita—, pero
nadie contestó al timbre.
—No importa —dijo el condestable Moore de
forma no enteramente convincente—. Hay una
razón por la que no vivo allá —señaló hacia
arriba en la dirección vaga del Enclave de Nueva
Atlantis—. Sólo intento encontrar el origen de
las raíces. Me temo que podría ser kudzú. —El
condestable cerró los ojos al decir estas palabras,
y Nell, no sabiendo qué era kudzú, supuso que
si kudzú era algo que podía atacarse con una
espada, quemarse, ahogarse, aplastarse o
volarse no tenía ni una oportunidad en el jardín
del condestable Moore; una vez, eso sí, que él se
pusiese a ello.
—¿Puedo ofreceros un té? ¿O —eso en
dirección a Nell— algo de chocolate caliente?
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