Page 614 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 614
El apuntador le dio la línea: Lo siento, chicos,
pero otra vez voy a. trabajar hasta tarde.
—Vale, vale —dijo Miranda—, voy a
improvisar. ¿Dónde estáis?
—¡En la fiesta del reparto, tonta! —dijo Cari—
. Tienes un taxi esperando en la puerta... ¡hemos
mandado un buen coche!
Miranda salió del ractivo, terminó de ordenar
el escenario corporal, y lo dejó abierto para que
otro miembro de la compañía viniese un par de
horas más tarde y trabajase el turno dorado.
Bajó corriendo sin prestar atención a la escena
helicoidal de querubines, musas y troya‐nos de
yeso, atravesó el salón donde un par de
ractores novatos de ojos dormidos limpiaban
los restos de la representación en vivo de la
tarde y salió por la puerta principal. En la calle,
iluminado por la nauseabunda luz rosa y
púrpura de la marquesina, había un taxi con las
luces encendidas.
Se sorprendió debidamente cuando el
conductor se dirigió hacia el Bund, no hacia el
distrito medio en Pudong, donde los
614

