Page 617 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Miranda  jugó  un  pequeño  juego  de


              respetabilidad con el portero. Fue directa hacia


              la  entrada,  convencida  de  que  él  le  abriría  la


              puerta, pero el portero se quedó quieto con las


              manos  a  la  espalda  mirándola  malhumorado.


              Finalmente, se rindió y abrió la puerta, aunque


              ella tuvo que variar el paso para no estrellarse.





                  George  Bernard  Shaw  había  dormido  allí;


              Noel  Coward  había  escrito  una  obra  allí.  La


              entrada era alta y estrecha, mármol de Beaux‐


              Arts, candelabros de hierro, y la luz blanca de


              los edificios del Bund que se filtraba por arcos


              con vidriera. Una antigua banda de jazz tocaba


              en el bar, contrabajo y batería. Miranda se puso


              de puntillas en la entrada, buscando la fiesta, y


              no vio nada excepto turistas aéreos caucasianos


              de  mediana  edad  bailando  despacio,  y  la


              selección               habitual               de         jóvenes               chinos


              emprendedores, esperando a que ella entrase.





                 Finalmente se abrió paso hasta el octavo piso,


              donde  se  encontraban  todos  los  restaurantes


              elegantes. El gran salón de banquetes había sido


              alquilado  por  algún  tipo  de  organización


              terriblemente  rica  y  estaba  lleno  de  hombres


              vistiendo  trajes  intimidantemente  sofisticados,


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