Page 689 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Por supuesto, no lo hizo, porque eso hubiese


              arrojado  una  nube  de  oprobio  que  hubiese


              oscurecido  la  carrera  del  joven.  En  su  lugar,


              tomó  cinco  segundos  de  la  grabación  de  la


              carabina: aquellos en que, ante la aproximación


              del joven, Nell había dicho, «lo siento, pero me


              temo  que  tiene  usted  ventaja»,  y  el  joven,  no


              habiendo  apreciado  las  ramificaciones,  siguió


              como si no lo hubiese escuchado. Nell colocó la


              información en una tarjeta de visita inteligente e


              hizo que la entregasen en el hogar de la familia


              del joven. No tardó en llegar una disculpa formal


              y no volvió a saber de él.





                  Ahora que la habían introducido en sociedad,


              sus  preparativos  para  visitar  los  Territorios


              Cedidos  eran  tan  elaborados  como  los  de


              cualquier  dama  de  Nueva  Atlantis.  Fuera  de


              Nueva  Atlantis,  ella  y  su  cabalina  estaban


              rodeadas siempre por una concha de vainas de


              seguridad  flotantes  como  primera  línea  de


              defensa  personal.  Una  moderna  cabalina  para


              señorita estaba diseñada con el cuerpo formando


              una especie de Y de forma que fuese innecesario


              cabalgar de lado, así que Nell podía vestir un


              traje de aspecto razonablemente normal: un cor‐


              piño  que  destacaba  su  delgada  cintura  a  la


                                                                                                     689
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