Page 814 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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figura tan elegante que pocas personas podían
ahora confundirla con una persona normal,
incluso si se vistiese con harapos y caminase
descalza.
Tendida sobre el camastro en el dormitorio de
madame Ping, leyendo aquellas palabras en una
página que brillaba suavemente en medio de la
noche, Nell se sorprendió ante ese comentario.
Las princesas no eran genéticamente diferentes
de las personas normales.
Al otro lado de una pared razonablemente
delgada podía oír el agua corriendo en media
docena de lavabos donde las jóvenes realizaban
sus abluciones crepusculares. Nell era la única
guionista que vivía en el dormitorio de madame
Ping; las otras eran intérpretes y regresaban
ahora de un largo y vigoroso turno, poniéndose
linimento en los hombros, irritados de blandir
palos contra los traseros de los clientes, o
respirando grandes cargas nasales de bichos
programados para buscar sus traseros
inflamados y ayudar a reparar durante la noche
los capilares dañados. Y por supuesto, muchas
otras actividades más tradicionales, como
ducharse, quitarse el maquillaje, hidratarse y
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