Page 847 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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rodilla, lo que quizá no produjo daños
permanentes pero que ciertamente le hizo
perder el equilibrio. El Puño seguía intentando
apuntar con el rifle, y Nell lo golpeó una y otra
vez. Al final pudo arrancar el rifle de sus débiles
manos, darle la vuelta, y golpearle con él en la
cabeza.
El Puño con la pluma en el cuello estaba
sentado en el suelo observándola con calma.
Ella apuntó en su dirección, y él levantó una
mano y miró a otro lado. Le sangraba la herida,
pero no demasiado; Nell le había arruinado la
semana, pero no había tocado nada importante.
Ella reflexionó que probablemente a la larga era
mejor para su salud desprenderse de la
superstición de que era inmune a las armas.
El condestable Moore le había enseñado un
par de cosas sobre rifles. Volvió a entrar en la
habitación, atrancó la puerta, y dedicó un
minuto a familiarizarse con los controles, a
comprobar la munición (sólo medio llena) y a
disparar una vez (contra la puerta, que lo detu‐
vo) sólo para asegurarse de que funcionaba.
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