Page 851 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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debió de inyectarle algún veneno en el cerebro.
Se sentó con calma en el suelo, cerró los ojos y
murió en esa posición.
—No es muy caballeroso —dijo el coronel
Napier disgustado—. Supongo que tengo que
agradecérselo a algún burócrata en Nueva
Chusan.
Un recorrido cauteloso por el edificio reveló
varios Puños más que habían muerto del
mismo modo. Fuera, fluía la misma multitud
de refugiados, mendigos, peatones y ciclistas
cargados, tan imperturbable como el Yangtsé.
El coronel Napier no volvió al local de
madame Ping a la semana siguiente, pero
madame Ping no le echó la culpa a Nell por la
pérdida.
Al contrario, alabó a Nell por haber adivinado
correctamente los deseos de Napier y haber
improvisado tan bien.
—Una buena representación —dijo.
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